Dos riojanos en el terremoto de Asia: «Todo era un caos»

Martes, 1 de abril 2025, 07:11

Unai Azcuenaga Suso y Ángela Moscatiello Criado estaban viviendo unas vacaciones idílicas en Tailandia. Dos semanas de ensueño a las que iban a poner fin el pasado 28 de marzo, justo el día en el que se registró el terremoto en el sudeste asiático que, aunque tuvo su epicentro en Birmania, también se dejó notar en Bangkok. Y esa ciudad era, precisamente, en la que ellos se encontraban cuando la tierra tembló y eso les hizo vivir una auténtica odisea «en medio del caos» para llegar al aeropuerto.

Los riojanos apuraban sus horas finales en Asia. Aprovecharon su último día para visitar lo que les quedaba por ver y hacer algunas compras antes de regresar al hotel, coger las maletas y poner rumbo de nuevo a España. Durante ese itinerario, decidieron coger «un barco bus» y fue entonces cuando se produjo el terremoto. «Apenas duró quince minutos el viaje, pero coincide con las horas en las que todo ocurrió y nosotros apenas lo apreciamos», reconocen.

Sin embargo, cuando llegaron a tierra firme se percataron de que algo estaba pasando. «Veíamos a todos los tailandeses gritando, pero como no les entendíamos no sabíamos exactamente lo que ocurría», cuentan los riojanos. Sin darle más importancia, Unai se dirigió a su hotel y allí ya le informaron de todo. «Vino un hombre y me dijo que no podía subir a la habitación y luego otra chica nos contó lo que había sucedido, que había habido un terremoto», expone el joven, quien pronto se puso en contacto con su pareja para reunirse en el alojamiento e intentar poner rumbo al aeropuerto.

Para su desgracia, esa labor no les iba a resultar tan sencilla. Desalojaron el hotel primero y luego les habilitaron un lugar para permanecer durante ese tiempo de incertidumbre. «Fueron muy atentos, pero se les veía que estaban preocupados», relatan los turistas españoles, que aseguran que su alrededor no había nada que, a simple vista, les mostrase que se había producido un terremoto. «Sí que nos dimos cuenta de que había charcos alrededor de la piscina y luego ya nos llegaron los vídeos esos que se han hecho virales con toda el agua saliéndose y nos imaginamos que en nuestro hotel pudo pasar algo parecido», cita la pareja. «Y luego también hemos sabido que estábamos a diez kilómetros del lugar en el que un edificio se derrumbó por completo», añade Ángela.

El tiempo pasaba y la «angustia y la incertidumbre» se apoderaban de ellos. «Era nuestro último día y teníamos que llegar al aeropuerto», recuerdan. Todo eran trabas para lograr ese objetivo, ya que en un primer momento no les dejaban subir a la habitación a por sus cosas (después ya se lo permitieron) y después en las aplicaciones para el transporte público no encontraban ningún servicio disponible. «Tuvimos que salir a la calle para intentar parar un taxi, pero todos estaban ocupados y no era fácil», rememoran.


Varios momentos de las vacaciones de la pareja riojana.

Imagen principal - Varios momentos de las vacaciones de la pareja riojana.

Imagen secundaria 1 - Varios momentos de las vacaciones de la pareja riojana.

Imagen secundaria 2 - Varios momentos de las vacaciones de la pareja riojana.

Un viaje de 36 horas

Finalmente, encontraron ese esperado taxi y se subieron a él. Parecía que lo peor había pasado, pero nada más lejos de la realidad. Lo que, en principio, iba a ser un viaje de poco más de una hora hasta el aeropuerto se convirtió en un trayecto de seis horas. «Hubo un momento en el que se paró en seco e hicimos cien metros en dos horas y pico», recalca Unai, quien asegura que en ese momento estaban tranquilos porque su vuelo se había retrasado cuatro horas e iban con tiempo.

A su paso, no vieron efectos del terremoto, más allá de ese caos que se incrementó incluso más cuando llegaron a su destino. «Teníamos que facturar y no nos dejaba hacerlo on-line y, al llegar al mostrador, estaba cerrado», lamentan. El vuelo se había adelantado y, aunque llegaron antes de que despegara, no les dejaban embarcar. «Nos decían que el avión no espera a los pasajeros, pero quedaba una hora y cuarto para salir y no entendíamos por qué no nos permitían subir», apuntan.

Ese avión se fue y en ese momento la angustia se acrecentó. «Estaba tan en shock que no podía ni llorar», recuerda Angy. A partir de ahí, tanto ellos como sus familiares desde España trataron de hacer gestiones para cambiar los billetes para otro día. «La compañía ofreció otro avión para el 4 de abril, pero nosotros teníamos que volver», señala la pareja, que finalmente encontró billetes para el día siguiente. «Nos costaron 800 cada uno», inciden.

«Más que el cansancio físico de tanto tiempo, lo que más se ha notado ha sido el mental por el estrés de no saber cómo vas a llegar a casa»

Ángela Moscatiello Criado

«Hubo un momento en el que el taxi al aeropuerto se paró en seco e hicimos cien metros en dos horas y pico»

Contaban con un nuevo vuelo, pero tuvieron que esperar muchas horas en el aeropuerto. «Es muy grande, pero no había ni un sitio para sentarse ni para tumbarse», recuerda Unai, que se queja de la «poca empatía» que sintieron en ese momento en el que no les dejaron subir al vuelo que tenían inicialmente programado. «Todo lo que estaba pasando no era por nuestra culpa, sino por el terremoto», señala.

Todo terminó cuando se montaron en ese segundo avión y, con escala previa en Doha, acabaron en Madrid. «Desde que cogimos aquel taxi en Bangkok hasta que llegamos a Logroño pasaron 36 horas», cuentan Unai y Angy, quienes ya en La Rioja aseguran que nunca se habían enfrentado a una situación similar. «Más que el cansancio físico de tanto tiempo, lo que más se ha notado ha sido el mental por el estrés de no saber cómo vas a llegar a casa», afirma la joven. «Cuando estábamos en el aeropuerto no sabíamos qué iba a pasar, si iba a haber otro terremoto o no… Yo no pude dormir nada allí», añade.

Ahora esperan que con el seguro puedan recuperar algo del dinero invertido con el cambio de vuelos. Más allá de eso, califican lo vivido como «una experiencia más» que no borra los quince días «buenísimos» que han pasado en Tailandia. «Es un país alucinante y nosotros estamos bien», se congratulan. «Hay gente que está debajo de los escombros todavía», rematan. Ellos, por fortuna, ya se encuentran en casa. Del caos de Bangkok a la tranquilidad logroñesa.

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