
Casualidades de la vida. Ayer el productor José Luis Escolar, que rueda en Bilbao una serie de Catherine Zeta-Jones, recordaba a Val Kilmer en … una charla con este periodista. Le tocó sufrirle en Sudáfrica en el rodaje de ‘Los demonios de la noche’. Año 1996. El actor estaba en el cénit de su fama. Había debutado con la divertidísima ‘Top secret!’, donde demostraba que además de actuar sabía cantar y bailar, y enlazado un éxito tras otro: piloto chulito en ‘Top Gun’ junto a Tom Cruise, guerrero en ‘Willow’, el mismísimo Jim Morrison en ‘The Doors’, El Hombre Murciélago en ‘Batman Forever’…
Escolar recuerda que Kilmer quiso meterse tanto en su personaje en ‘Los demonios de la noche’, en la que daba vida a un ingeniero británico que en 1890 construía el ferrocarril en África, que se empeñó en dormir en una tienda. Por entonces se estaba separando de la actriz Joanne Whalley y atravesaba una etapa complicada. El equipo llegaba al set una mañana y de la tienda podía salir la modelo Cyndy Crawford.
Val Kilmer murió este martes a los 65 años, según revela el ‘New York Times. Su hija Mercedes Kilmer ha revelado que la causa de la muerte ha sido una neumonía. El actor había superado un cáncer de garganta que le fue diagnosticado en 2014 y del que se había recuperado tras un prolongado tratamiento. La última vez que le vimos en cine fue hace apenas tres años en ‘Top Gun: Maverick’, donde retomaba el papel del piloto Tom ‘Iceman’ Kazansky.
El primer niño aceptado en la escuela Juilliard vivió nada más empezar su formación el primer mazazo de su vida: la muerte de su talentoso hermano Wesley a los 15 años, ahogado en el jacuzzi tras sufrir una crisis epiléptica. Kilmer se revela un tipo intenso, espiritual y ambicioso, que soñaba con interpretar «Hamlet» antes de los 27 años. Quería triunfar en Broadway, pero Hollywood le reclamó antes y en 1984 se convirtió en una estrella gracias a «Top secret!», una divertida parodia de espías que el actor califica de «basura». Se pasó cuatro meses aprendiendo a tocar la guitarra para el papel, pero los directores le pidieron que fingiera tocarla, como Elvis Presley.
Kilmer estaba tan insatisfecho con su carrera que llegaba al extremo de grabarse vídeos a la manera de falsas audiciones para trabajar con sus directores favoritos. Recorrió 10.000 kilómetros para darle una cinta en mano a Stanley Kubrick y demostrar que era el mejor actor posible para «La chaqueta metálica». La jugada le salió bien con «The Doors» y convenció a Oliver Stone de que era la reencarnación de Jim Morrison. Se obsesionó tanto que pasó un año con los mismos pantalones de cuero.
Su matrimonio con la actriz británica Joanne Whalley, madre de sus dos hijos, se fue resintiendo. La estrella de «Willow» vivía en Nuevo México y nada le llenaba. El traje de Batman le impedía actuar, Marlon Brando pasaba de todo en «La isla del doctor Moreau» y solo papeles como el Doc Holliday de «Tombstone» colmaban sus ansias actorales. Después llegaron el divorcio, la ruina y la enfermedad.
El contraste entre la insultante belleza de Val Kilmer en el cénit de su carrera y su estado actual, vomitando en convenciones de fans que pagan por su autógrafo, resulta muy duro de ver. «Val» cuenta la historia de un actor maldito, eternamente insatisfecho, que lo tenía todo y todo lo perdió. Un narcisista idealista y rebelde, al que le salvan sus dos hijos. Un hombre que estaba en una cueva africana llena de murciélagos cuando recibió una llamada anunciándole que iba a ser el próximo Batman, el personaje con el que soñaba de niño. A ver quién supera eso.
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